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13 de enero Día Mundial de la Lucha contra la Depresión: niños y jóvenes en riesgo

Cifras globales de Unicef indican que 1 de cada 7 adolescentes entre los 10 y 19 años sufre un trastorno mental en el mundo.

Actualmente, uno de cada 3 o 4 jóvenes en Chile presenta un problema de salud mental asociado a síntomas ansiosos, depresivos y de estrés, lo que genera un aumento del consumo de alcohol y otras sustancias. Aun cuando los trastornos depresivos se presentan a lo largo de toda la vida, durante los últimos años los especialistas alertan de un aumento en las consultas de salud mental en menores de 15 años y las cifras disponibles hablan de un suicidio consumado al día. Estos números probablemente sean mucho mayores debido a la falta de notificación de casos y porque un número no menor de personas no acceden a una consulta en salud mental, ya sea por falta de información, temor a la estigmatización o desconocimiento de los tratamientos.


La principal alerta en niñas, niños y adolescentes que amerita una consulta con profesionales de la salud mental es cualquier cambio de ánimo persistente o cambios emocionales significativos que permanezcan por más de 2 semanas, teniendo especial cuidado en no calificarlos como propios de su etapa de vida. La depresión no solo puede evidenciarse en la falta de ánimo o la tristeza, también puede revelarse a través de un comportamiento eufórico o excesiva irritabilidad, entre muchas otras señales. La observación atenta, cariñosa y sin juicios permitirá a la familia detectar cambios que muchas veces los niños y jóvenes pretenden activamente ocultar.


El esfuerzo por establecer medidas preventivas no garantiza que un adolescente no se deprima, pero hay varias prácticas importantes para desarrollar cuando las y los niños son pequeños que nos permitirán contribuir a disminuir los riesgos, como cuidar los hábitos de sueño, fomentar el ejercicio, comer en familia, pasar tiempo en la naturaleza y fuera de las pantallas, entre otras. Como adultos responsables es importante que entreguemos el espacio necesario y seguro para poder hablar y escuchar los problemas e inquietudes de niños y jóvenes, normalizando que hay días buenos y malos y que pedir ayuda es lo más beneficioso para entender el propio desarrollo emocional y social.


La principal medida que la familia debe asegurar frente a un cuadro de salud mental es ponerse en manos de un profesional, pues estamos frente a una enfermedad que requiere observación, diagnóstico y tratamiento específico según cada caso. Un manejo incorrecto de la sintomatología podría agudizar el cuadro y generar efectos segundarios de mayor gravedad.